Guerra espiritual
Catequésis preparada por Florence Galbraith de Argüello
de la Iglesia de Costa Rica
El demonio existe
¿Qué es la guerra espiritual?
¿Cómo es esta guerra?
¿Qué significa para nosotros?
No estamos solos
"Revestíos de las armas de Dios"
Pablo VI, en audiencia general del 15 Nov. 1972, dijo: "¿Cuáles son las necesidades mayores de la Iglesia de hoy? No dejen que nuestra respuesta les sorprenda como simplista o aun como supersticiosa o irreal: Una de las mayores necesidades es la defensa contra ese mal llamado demonio. El mal no es meramente la falta de algo, sino un agente efectivo, un ser viviente, espiritual, pervertido y pervertidor, una terrible realidad. ¡Rechazar la existencia de tal realidad es contrario a la enseñanza de la Biblia y de la Iglesia! Lo mismo que el explicarlo como una pseudorealidad, una personificación conceptual o fantasiosa de las causas desconocidas de nuestras desgracias.
Este asunto del demonio y de la influencia que puede ejercer sobre las personas individualmente, como sobre comunidades, sociedades enteras, o sobre eventos, es un capítulo importante de la doctrina católica al que se da muy poca atención el día de hoy, aunque debe ser estudiado de nuevo."
Al demonio, el enemigo de quien Pablo VI está hablando, se le conoce como Lucifer, que quiere decir lucero o estrella de la aurora (Isaías 14), como el príncipe de las potestades del aire, comandante de miles de ángeles rebeldes (Ef. 2:2 y 6:10), como Beelzebú, el príncipe de los demonios (Mat.12;24 ), como mariscal sobre millones de espíritus inmundos que plagan la tierra (Lucas 11:24). Esencialmente, es "el dios de este mundo" (2 Cor.4:4 ).
Como ven, la Biblia se refiere al archienemigo de nuestras almas por varios nombres y papeles. Sólo en un pasaje, Apocalipsis 12: 910, se le identifica con cinco nombres: el dragón, la serpiente, el diablo, Satanás, y el acusador de nuestros hermanos. También se le llama el príncipe o gobernador de este mundo, el mentiroso, el ladrón, el asesino y el padre de las mentiras. Los dos nombres más comunes que se le aplican son Satanás y diablo. Satanás quiere decir adversario, el que resiste o se opone. ¿Y a quien resiste Satanás? ¿A quien se opone? Resiste y se opone a Dios y a todo el plan de Dios. Diablo quiere decir acusador, el que nos acusa día y noche. Dios no acusa, solo el diablo acusa.
Muchas veces hemos oído hablar del Reino de Dios y del Reino de Satanás. Incluso hemos oído hablar de "Guerra Espiritual".
Para entender bien qué significa esta guerra en el plan de Dios para nosotros, tenemos que comprender que Dios tiene un plan para nosotros, para el mundo. El enviar a su Hijo no fue un capricho, una casualidad, algo que pasó. San Pablo nos dice muy claramente que Dios tiene un plan, un propósito final: "En El tenemos por medio de su sangre la redención, el perdón de los delitos, según la riqueza de su gracia que ha prodigado sobre nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el Misterio de su voluntad según el benévolo designio que en el se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los tiempos; hacer que todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que esta en los cielos y lo que esta en la tierra" (Efesios 1: 710).
El plan de Dios en Cristo es establecer su Reino en toda la creación, no solo en los seres humanos, sino también en las fuerzas espirituales buenas y malas del universo. El plan de Dios es poner orden y poner su reino sobre todo lo que ha creado.
El plan de Satanás es impedir el plan de Dios o, al menos, atrasarlo lo más posible. Esta es la guerra espiritual.
El profeta Daniel (capítulo 10) nos enseña algo de cómo es esta guerra. Daniel dice haber entendido, por los escritos de Jeremías, que el cautiverio de Israel en Babilonia duraría setenta años (Jer. 29:10) y que éstos ya se habían cumplido. Se puso a ayunar y a orar para que Dios le mostrara exactamente cómo llevaría a cabo la restauración de su pueblo. Después de interceder por 21 días, un ángel del Señor vino a Daniel para decirle que Dios había oído su oración desde el primer día y lo había mandado inmediatamente para llevarle la revelación que buscaba; pero que un ángel satánico, a quien llama "el príncipe del reino de Persia" le había hecho resistencia durante los 21 días. Finalmente, el arcángel Miguel había venido a ayudarle, juntos rompieron la oposición satánica y el ángel del Señor pudo llevar el mensaje a Daniel. Fue la oración de Daniel la que ayudó a que esto pasara y se cumpliera.
El Maligno ha existido y ha hecho guerra desde el principio. Cuando Dios creó al hombre y a la mujer, la Serpiente estaba ahí preparada a luchar. Empieza con una mentira: cuando Eva le cuenta las palabras de Dios de no comer ni tocar el fruto del árbol, la serpiente contesta (Gen. 3:5) "No moriréis; sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal" Eva meditó esto, vio que el fruto era bueno para comer, agradable a la vista, y excelente para lograr sabiduría... puso su razonamiento por encima de su obediencia a Dios... Primero pecaron los ángeles en rebeldía y soberbia, luego peco el hombre en rebeldía y soberbia.
Con la caída de Adán, nosotros, sus descendientes, nos identificamos con Satanás en su culpabilidad y rebeldía y quedamos sujetos a condenación. Perdimos lo que era el plan de Dios para nosotros. Pero Dios tuvo misericordia de nosotros y le prometio a su pueblo un salvador, para concedernos "que libres de manos enemigas, podamos servirle sin temor en santidad y justicia delante de El todos nuestros días" (Lucas 1:7475). Jesús vino en obediencia y humildad, derramo su sangre en una cruz y dice San Pablo (Rom.5:1) "Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo." Y Rom.8:1 "Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús."
La guerra esta ganada, pero las batallas siguen, pues el diablo hará todo lo posible para que no estemos unidos a Cristo y para que no hagamos nuestra Su victoria.
Creo que muchas veces queremos que esto no tenga nada que ver con nosotros: en este asunto, con gusto nos dejamos tapar los ojos y los oídos. Pero esta no es la voluntad del Señor. En Lucas 11: 23 leemos: "El que no esta conmigo, esta contra mi, y el que no recoge conmigo, desparrama." Estamos como en un juego de football sin espectadores. Estamos en un equipo o en el otro. No hay campo para espectadores. Tenemos que tener esto muy claro: NO HAY ESPECTADORES.
Dicho de otra forma: No hay zonas de batalla y zonas neutrales. No existen refugios donde meterse y descansar. TODO ES LUCHAR.
Pero, ¿qué significa esto para nosotros, para nuestras familias, para el mundo?
Significa que, aunque Dios, en Cristo, ya ha vencido a Satanás en la cruz, Satanás sigue peleando contra el pueblo de Dios en todos los frentes. En las guerras del mundo a través de los siglos vemos que siguen los combates después del decreto de cese de fuego y aun después de firmar la paz. Algo así sucede en la guerra espiritual. Satanás se dice a sí mismo: "Perdí la guerra, pero esta batalla la gano yo".
Significa que el maligno va estar bombardeando nuestras mentes, por ejemplo con acusaciones en contra de nosotros mismos para meternos inseguridad, miedos, culpabilidad, depresiones; para bajarnos el aprecio de nosotros mismos; para que nos llenemos de auto conmiseración. Con sólo desalentarnos, ya debilita nuestra confianza en Dios y debilita también nuestras relaciones con seres queridos. Desalentados, no estamos bajo la influencia de Dios. Desalentados, somos susceptibles a más ataques.
Significa que las familias cristianas, que tratan de seguir el plan de Dios en sus vidas, van a ser atacadas. La unidad, la paz, el amor, el servicio son cosas que hay que destruir, según el maligno. Por eso vemos en el mundo guerras, hambre, violencia, ambiciones; se ama el dinero más que la rectitud; la búsqueda de placer es interminable y las familias se deshacen más y más.
Dios no nos ha dejado solos y desamparados. En 2 Cor. 10: 3 leemos: "Pues aunque vivimos en la carne no combatimos según la carne. ¡No!, las armas de nuestro combate no son carnales, antes bien, para la causa de Dios, son capaces de arrasar fortalezas. Deshacemos sofismas y toda altanería que se subleva contra el conocimiento de Dios y reducimos a cautiverio todo entendimiento para obediencia de Cristo." Tenemos armas que son capaces de arrasar fortalezas.
Si recuerdan, en Mateo 16:18, el Señor dice: "Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella."
En otras palabras, la Biblia nos llama a una lucha activa y a tomar conciencia de lo que pasa a nuestro alrededor. Si estamos indiferentes, no andamos por el camino correcto.
La Carta a los Efesios es la primera que Pablo escribe desde su prisión en Roma. Es una exhortación profunda de cómo vivir una cultura cristiana. Nos habla del plan de Dios para con nosotros, nos pide que no vivamos como los que nos rodean, que seamos diferentes. Nos exhorta a construir la familia, a vivir en paz, a fortalecernos en el Señor. Nos dice que necesitamos ser fuertes y que necesitamos unidad. Al final (6: 1018) habla del combate espiritual: "tomad las armas de Dios", no dice, y menciona siete piezas.
"Ceñida vuestra cintura con la verdad". Las vestiduras estarán ceñidas por la tanto no obstaculizarán nuestros movimientos cuando estemos involucrados en guerrillas rápidas y urgentes; también con la cintura ceñida se sostiene todo el resto de la armadura.
Lo primero es ser honestos. Digamos las cosas como son. Veámonos tal como somos. Ira es ira, no es justa indignación. Dios no empezará a tratar con nosotros en ese asunto hasta que no lleguemos al punto de la verdad. Aquí entra el aceptar responsabilidad. Juan 4: 24: "Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad." Juan 8: 32: "Si se mantienen en mi palabra serán verdaderamente mis discípulos y conocerán la verdad y la verdad los hará libres." Conocer la verdad sobre nosotros mismos es el comienzo de un cambio, de una conversión. La verdad nos libera de toda influencia ajena a Dios.
"Revestíos de la justicia como coraza". La coraza va sobre el corazón, hay que proteger el corazón. 1 Tes.5: 8: "Pero nosotros, que somos del día (luz verdad) seamos sobrios , habiéndonos vestido con la coraza de la fe y del amor."
El hombre justo, el hombre nuevo es protegido. 1 Juan 5: 18: "Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca"
"Calzados los pies con el celo por el evangelio de la paz". Calzar los pies es estar preparados, conocer las Escrituras. También tener paz en nuestros corazones para dársela a otros. Rom. 10: 15: "¿Cómo predicarán si no fueran enviados? Como esta escrito, cuán hermosos los pies de los que anuncian la paz."
"Embrazando siempre el escudo de la fe, para poder apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno.". El escudo de la fe cubre el cuerpo, cubre toda área de la vida. Hab.2: 4 : "El justo por su fe vivirá" ¿Qué cosa es fe? Dice Pablo (Heb.11): "Es pues la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve." El justo por su fe vivirá. ¿Qué significa vivir? Todos los aspectos de tu vida: espiritual, física, mental, emocional, material... y todas sus actividades: respirar, pensar, hablar, comer, dormir, trabajar, etc. Todas las actividades del "justo" deben ser motivadas y controladas por la fe.
"El yelmo de la salvación". El yelmo protege la cabeza, la mente. La fe está en el corazón, la esperanza está en la mente. El cristiano debe ser optimista y debe ser hombre de esperanza. Si te hieren la cabeza, es grave; si no esperas la salvación, no haces nada.
Con todas estas armas estás protegido por todos lados, menos por detrás. Le toca a tus hermanos protegerte las espaldas, como en los ejércitos. Aun así lo mejor es no darle la espalda al Maligno. Estas protegido, nada mas.
"La espada del Espíritu, que es la palabra de Dios". Esta es la única arma ofensiva. La palabra de Dios hay que conocerla para hablarla. Hay que saber qué dice la Palabra. Cuando El Señor fue tentado en el desierto El respondió con la Palabra a las tentaciones del Maligno. La Palabra tiene poder: es la espada del Espíritu.
Revestidos de estas armas de Dios, estamos listos para luchar, pero "siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu , velando juntos con perseverancia e intercediendo por todos los santos."
Un cristiano sin oración no es cristiano. ¿Se puede parar al niño en sus muestras de cariño hacia los padres? ¿Se puede parar a los novios en su decirse cosas bellas? Y esas muestras de amor también tienen el efecto de acrecentar el amor. Lo mismo pasa con nuestra oración. Es una de las maneras de apartar tiempo sólo para el Señor, y esta acción acrecentara también mi amor y mi conocimiento de Dios. Si yo quiero saber mas de El, leeré Su Palabra. Y si sé más de El, se lo diré.
Como un chiquito que se dice a su papá: "¿Que diré? Decime." Así podemos comenzar con el Espíritu, pidiéndole que nos ayude. Y luego el saludo. ¿Qué mejor manera que la alabanza?
El salmo 34 dice: "Bendeciré a Yahveh en todo tiempo, sin cesar en mi boca su alabanza."
En la misa tenemos unos ejemplos lindísimos de lo que es la alabanza:
Gloria a Dios en las alturas
y paz en la tierra a los hombres que aman al Señor.
Por tu inmensa gloria,
te alabamos, te bendecimos,
te adoramos, te glorificamos.
Santo, Santo, Santo,
es el Señor Dios del universo,
llenos están los cielos y la tierra de tu gloria.
Todo honor y toda gloria.
Sólo tu eres santo, sólo Tu Altísimo.
Tuyo es el Reino, el poder y la gloria,
por los siglos de los siglos.
El Apocalipsis nos dice que el Señor es Rey de Reyes, Señor de Señores.
Nuestra oración también tiene que tener agradecimiento. San Pablo nos dice que demos gracias por todo. Todo quiere decir tanto lo bueno como lo malo. Entonces demos gracias por todo.
Cuando nos pasan cosas buenas, nos gusta hablar de ellas. ¿No es así? Si un médico nos opera de corazón abierto con todo éxito, ¿vamos a hablar de eso? ¿Qué dice la Palabra de Dios que hizo Cristo por nosotros? Cristo nos ha salvado, nos ha redimido, nos a dado su Espíritu. ¿Vamos a hablar de eso? También vamos a dar gracias específicamente por eso.
Nunca nos alejemos del conocimiento y la certeza de que la oración es oída y tiene poder. Lo que tiene más poder es La Palabra, el nombre de Jesús y la Sangre de Jesús.
"Ellos lo vencieron gracias a la Sangre del Cordero y a la Palabra de Testimonio que dieron". (Apocalipsis 12).
"Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre." (Filipenses 2: 1011)