Religión base de la democracia

Páginas tomadas del libro de Xavier Zavala Cuadra:
La democracia en nuestra historia.

Para teminar, ¿cuál es el soporte último de todas estas creencias y actitudes, en suma, de los modos humanos que en política llamamos democracia? George Washington respondió a la pregunta en la solemne ocasión de su discurso de despedida como presidente de los Estados Unidos: "Entre todas las disposiciones de ánimo y los hábitos que conducen a la prosperidad política, la religión y la moralidad son los soportes indispensables. No puede pretender que se le tenga por patriota quien se esfuerza por subvertir estos grandes pilares de la felicidad humana, los más firmes soportes de los deberes del hombre y del ciudadano. Igual que la persona piadosa, el político debe respetarlos y cuidarlos. No cabrían en un volumen sus conexiones con el bienestar privado y público. Basta con preguntarnos ¿dónde quedaría la seguridad de la propiedad, de la reputación y de la vida, si el sentido de obligación religiosa está ausente de los juramentos que son los instrumentos de investigación en las cortes de justicia? Y seamos muy cautelosos con la suposición de que puede haber moralidad sin religión. Por mucho que le reconozcamos al influjo de la educación refinada de las mentes..., tanto la razón como la experiencia nos prohiben esperar que la moralidad nacional se mantendría sin el principio religioso."

Hace unos años, The Brookings Institution, uno de los más famosos "think tank" de los Estados Unidos, publicó un libro que examina el influjo de la religión en la vida pública de ese país. "Mi trabajo no puede ser considerado como definitivo ­concluye el autor­ pero apunta a que los padres fundadores tenían razón después de todo: la salud del gobierno republicano depende de valores que, no tan a largo plazo, sólo provienen de la religión. El humanismo creyente enraiza los derechos humanos en la dignidad moral que el Creador amoroso puso en cada alma humana, y legitima la autoridad social al hacerla rendir cuentas ante una ley moral trascendente."

Continúa el autor: "Hay que añadir inmediatamente que la religión puede ser un gran peligro para la democracia y para cualquier forma de existencia civilizada. La historia enseña y lo confirman acontecimientos recientes en Irlanda, Irán, Líbano, la India y otros lugares, que el fanatismo religioso lleva fácilmente a la tragedia social."

El fanatismo es el polo opuesto de la democracia. También de la religión que ve en cada hombre ­sin excepción­ al probable pecador. El fanatismo es de hombres que se creen dioses. La democracia verdadera, la única que dura, es de hombres que saben que no son dioses y que no existen entre ellos hombres-dioses: por eso precisamente consideran a la democracia necesaria, por eso consideran que todos son iguales ante la ley, por eso delegan poderes pues saben que no tienen capacidad de estar en todo, por eso dividen, limitan y enumeran los poderes que delegan pues saben que los que los reciben pueden abusar y son inclinados al abuso, por eso se reservan el derecho de deponer a los que gobiernan cuando estos no cumplen las funciones que les han encomendado. Por eso también son tolerantes y no creen tener respuestas definitivas a los problemas comunes. Por eso su enfoque no es dogmático sino experimental.

La creencia más importante para la democracia, porque engloba a todas la demás, es no creerse dios o semidios.


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