La verdad última sobre la vida humana

James V. Schall, S. I.
Profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Georgetown.
Traducción de Xavier Zavala Cuadra.

El penetrante relativismo de nuestra cultura diría que la frase "la verdad última sobre la vida humana" se refiere a algo que no se conoce o que no es conocible o, a lo más, que es expresión de una opción personal sin más base que nuestra propia voluntad y, por tanto, sin ser afirmación de una verdad. La frase se encuentra en la encíclica Fides et Ratio de Juan Pablo II (n. 2)

"La verdad última" implica que hay otras verdades importantes sobre la vida humana pero que sólo una es la última verdad. Su conocimiento es una verdad, no una opinión. Es la afirmación que explica qué es la vida humana. Incluye a toda vida humana individual que haya existido desde su concepción, sin que importen las condiciones de prosperidad o adversidad de esa vida.

Existen otras modalidades de vida además de la humana: divina, animal, vegetal. Pero la vida humana es la única vida corporal que incluye, en su ser individual, espíritu o razón, sensación animal y movimiento, más ciertas operaciones vegetativas –como las de nuestro cabello, por ejemplo.

La "verdad última sobre la vida humana" seguirá siendo verdad sin que importe que alguien la acepte y viva de acuerdo a ella o no. Lo que somos sigue operante ya sea que lo ignoremos o que lo neguemos. No podemos escaparnos de lo que somos, ni deberíamos pretenderlo. Nuestra vida consiste en ser lo que somos (en esto no nos ponen a escoger); luego, nuestra vida consiste en conocer, reflexionando, qué somos, la verdad de lo que somos; finalmente, nuestra vida consiste en vivir de acuerdo a la verdad de lo que somos.

Una característica nuestra, que nos viene necesariamente de nuestra razón y que nuestra razón hace posible, es que podemos escoger. La libertad es esencialmente el reto de aceptar –no hacer– la verdad última que somos. Sabemos que podemos rehuir el reconocimiento de lo que somos, y sabemos que lo hacemos. Tal acción se llama soberbia y consiste en preferir nuestra definición de lo que somos por encima de la verdad de lo que somos. Todo pecado tiene algo de soberbia a algún nivel, pero el pecado peor es soberbia pura. La soberbia es característica de intelectuales, de políticos y de otros individuos influyentes que pretenden tener cierto refinamiento intelectual. Pero también aparece entre los más ignorantes y faltos de disciplina.

No deberíamos olvidar que el drama humano esencial tiene lugar en cada alma –rica o pobre, femenina o masculina, de esta raza y nacionalidad o de la otra, de esta fe o de la otra. Los pobres pueden cometer pecados tan terribles contra lo pobres como los de otras categorías sociales. La verdad última sobre la vida humana no niega ni ignora la real condición humana, pero incluye un remedio contra el pecado (remedio que no viene de la vida humana). Los pecados humanos no se quedan confinados en la condición humana; por eso, si hablamos con propiedad, no podemos perdonarnos. El pecado paradigmático del Génesis, como todo pecado, incluye el rechazo implícito de la orden de Dios no sólo de ser lo que somos sino de ser más de lo que somos.

Libertad quiere decir que la vida humana es un asunto serio. Verdad quiere decir que la vida humana tiene un orden propio conocible. La gran aventura de la vida humana –y su mayor riesgo– es conocer y vivir esta verdad desde dentro de nosotros mismos porque reconocemos sus exigencias como bien propio nuestro, como lo mejor para nosotros.

La verdad última sobre la vida humana es que somos hechos por Dios para Dios –pero por un Dios que no puede darnos Su vida si nosotros no la escogemos. En este sentido, cada uno de nosotros hace su propio destino. La verdad es que nos han dado más de lo que somos. Ya no podemos ser "humanos" a no ser que también seamos "superhumanos". Es decir, la verdad de la vida humana que conocemos es que somos creados para algo más de lo que hubiésemos pensado tras el examen de nuestro ser solo. Sin dejar de ser completamente humanos –esta es la importancia de la resurrección de los cuerpos– somos para recibir un tipo de vida que es propia de Dios. Somos para ser capaces –cada uno de nosotros– de ver a Dios "cara a cara", para usar la feliz expresión de San Pablo.

Esta es la verdad última de la vida humana. Podemos aceptarla o rechazarla, no hay datur tertium. No podemos cambiar lo que somos, ni deberíamos pretenderlo porque cualquier modificación significaría rebajar nuestra personal dignidad, rechazar ser lo que nos ha sido dado ser.


Página preparada por
Asociación Libro Libre
Apartado 1154-1250. Escazú. Costa Rica. América Central.
Tel. (506) 228 2333. Fax: (506) 228 6028.
E-mail: llibre@sol.racsa.co.cr